Veintiséis juegos completos, cada uno en un solo archivo. Se abren con doble clic, funcionan sin internet y sirven igual en computadora que en celular.
Apunta, rebota en las paredes y junta tres del mismo color. Lo que quede suelto del techo se cae y vale doble.
Cambia dos dulces pegados, arma cadenas y fabrica rayas, envueltos y piruletas. Treinta niveles con nombres de la isla, reto del día, y un modo sin fin que no para: cada ronda viene más dura.
Hala la cuerda, calcula el viento y suelta. Dianas, globos y manzanas, y ahora también cacería: palomas que cruzan, jabalíes que corren y iguanas que se espantan si fallas cerca. Al coquí no le tires.
Conduce, derrapa y aguanta. Cada minuto sube el nivel de búsqueda y mandan algo peor detrás de ti. Si el coche revienta, bájate, corre y roba otro.
Súbete y bájate, carga el arco y suelta. Globos, pompas con mariposas dentro y bichos que te quitan plumas. Además de los 24 niveles hay modo sin fin y contrarreloj, donde el bicho que te alcanza no te quita una pluma: te quita cinco segundos.
Salen del pastizal, tienes tres tiros y se te van. Si le das, el perro te lo trae; si fallas, se asoma a reírse de ti.
Cinco letras, seis intentos y una palabra nueva cada día, la misma para todo el mundo. En español y con sabor de aquí: un día te sale COQUÍ y al otro te sale CHAVO.
El solitario que venía en las computadoras de los noventa, hecho de nuevo. Reparto del día igual para todo el mundo, deshacer sin límite, pista cuando te trancas y el rebote de cartas al ganar.
Desliza, junta las fichas iguales y llega a la grande. Parece fácil; no lo es, y cuando llegues vas a querer seguir.
Cada tablero se fabrica aquí mismo con una sola solución comprobada: nada de repetidos ni de trampas. Lápiz, pistas, deshacer, y el sudoku del día para picarte con alguien.
Caen siete piezas, tú las acomodas y cada línea completa desaparece. Maratón sin fin, 40 líneas contra el reloj o el reto del día con las mismas piezas para todo el mundo.
Corres, brincas y les caes encima. Y cuando cantas, el «co-quí» los deja tiesos un segundo: esa es tu otra arma. Veinte niveles desde el cañaveral hasta el Morro de noche.
Bronca de patio, dura pero limpia. Yara pega rápido y no te suelta; Tato tarda un mundo pero te manda al otro lado del colmado. Bloqueas caminando hacia atrás y los agarres no se bloquean: se escapan.
El dominó de la marquesina, ahora en el bolsillo: parejas con tu compañero, uno contra uno o dos personas en el mismo aparato. Con tranque, capicú, cuenta de puntos y una máquina que de verdad piensa.
La misma que vivio en todos los celulares: come, crece y reza por no morderte la cola. Tres modos, una dorada que vale doble y un reto nuevo cada dia para picarte con el vecino.
Destapa cada casilla que no esconda mina: los números te avisan cuántas tienes al lado, así que aquí se gana con cabeza, no con suerte. Tres tamaños, uno a tu medida y un tablero del día igual para todo el mundo, sin internet y sin trampas.
El bingo de la plaza, ahora en el bolsillo: canta las bolas con voz, marca tus cartones y el juego grita cuando cae. Ponlo en lento en una pantalla grande y tienes actividad de verdad para todo el salón.
Pueblos, comida, playa y apellidos de aquí, enterraditos en la rejilla en ocho direcciones. Arrastra de la primera a la última letra, resuelve la sopa del día y no le des ni un byte al internet.
Sueltas fichas, conectas cuatro y rezas para que la máquina no te vea la diagonal. Partidas de un minuto que enganchan, con tres niveles de verdad y un reto del día que es igual para todos.
Coloca tus cinco barcos, apunta a ciegas y húndele la flota al rival antes de que te la hunda a ti. Contra una máquina que aprende de dónde le tiras o contra el de al lado en el mismo aparato, sin internet y sin clavijas que se pierden.
Voltea dos cartas y busca su pareja: coquíes, garitas, banderas y flores de maga dibujadas a mano, sin una sola letra. El primero de la colección para los nenes chiquitos, con modo de dos jugadores para picarse en familia.
Adivina la palabra letra por letra, con categorías que saben a Puerto Rico. Cada fallo le pone una hoja al coquí; a las seis se tapa entero, así que piensa antes de tirar.
La paleta abajo, la bolita de un lado a otro y una pared que se cae a pedazos. 30 niveles dibujados, cinco power-ups y un modo sin fin para cuando ya te crees bueno.
175 preguntas de Puerto Rico para picar a cualquiera: historia, pueblos, música, comida, deportes y monte. Reto del día igual para todos, contrarreloj de 90 segundos y modo de dos jugadores para saldar la discusión.
El pool de la barra, ahora en el celular: jalas hacia atrás desde la blanca como una honda y sueltas. Lisas o rayadas, la negra de última, y nueve rivales que cada vez fallan menos.
Aprieta el gas, tira el carro en la curva y que no te coma la hierba. Ocho pistas de la isla con mar, túnel y casco viejo, la cámara sigue al carro, tres rivales que se saben el trazado y tu propio fantasma en la contrarreloj.